Muchas veces percibimos que “no nos alcanza el tiempo”. Esta percepción, tan común hoy en día, tiene que ver con un desfase entre la percepción del tiempo y la acción. Cuando priorizamos correctamente nuestras actividades y conjuntamente hacemos nuestro mayor esfuerzo por ser racionales en nuestro accionar, el apuro desaparece. Esto ocurre porque súbitamente nos encontramos siempre haciendo lo que tenemos que hacer, como lo tenemos que hacer, en el momento en que lo tenemos que hacer. Entonces, no hay cuestión de si tengo o no tengo tiempo. El tiempo lo estoy utilizando ahora mismo para lo que debe ser usado. Y si en algún momento sentimos que esto ya no es así, basta con corregir nuestro accionar para alinearnos nuevamente con la prioridad y la administración de nuestra energía.
Actualmente se ve al trabajo como algo obligatorio y desagradable. La gente intenta evitarlo y lo hace de mala gana. No solo eso, sino que tan obligatorio se lo considera que la gente sacrifica su salud y su autodesarrollo en pos de mantener un trabajo. Lo cual no me extraña ya que en una sociedad autodestructiva, el autodestruirse para alcanzar objetivos es moneda corriente. De la misma forma la gente se autodestruye para “divertirse”; por ejemplo, emborrachándose, drogándose, aspirando humo de todo tipo adentro de un boliche, golpeándose y lastimándose la audición. Así también sacrifican su libertad y su autoexpresión para poder tener una novia y entonces tener sexo asegurado. Así sacrifican su vida para obtener títulos, propiedades, dinero… Y claro, cuando finalmente obtienen sus bienes materiales, pasan dos cosas: se dan cuenta que éstos son vacíos y no valen de nada, y por otro lado, acumulan un enorme resentimiento a causa de todo lo que sacrificaron, de todo lo que se autodestruyeron, ya que por más que los hayan convencido y se hayan autoconvencido de que eran sacrificios necesarios, muy dentro sabían que se estaban haciendo daño y se odiaban a ellos mismos y a las “autoridades” que les ordenaban hacerlo. Incluso al seguir las indicaciones de un médico la gente se resiente con él, ya que con su autoridad los manda a hacer cosas que ellos no quieren. Pero como es “el doctor”, le tienen que obedecer, muchas veces presintiendo que la indicación no es adecuada.
Cuando somos niños, y nos encontramos por primeras veces con esta autodestrucción, reaccionamos. Decimos “no, esperá, cómo que me tengo que levantar todos los días a las seis de la mañana, si yo necesito dormir mucho más que eso?” Pero lenta y firmemente, todas nuestras dudas, esas expresiones de inteligencia, son agredidas hasta que nuestras voluntades finalmente se doblegan ante los condicionamientos, y nos volvemos idiotas, que sacrifican sus vidas por nada.
Vemos a un hombre y una mujer sentados en un sofá. Ambos se abrazan y se los ve alegres.
Hombre: ¡Qué lindo día!
Mujer: ¡Sí, que lindo! El sol está radiante…
Hombre: El sol está radiante…
Mujer: Los árboles llenos de flores…
Hombre: Los árboles llenos de flores…
Mujer: Los pájaros cantan…
Hombre: Los pájaros cantan…
Mujer: Tengo un atraso…
Hombre: Tenés un atraso… (Sobresaltado) ¡¿Qué?! ¿Cómo que tenés un atraso? (Se miran) ¿Hace cuánto?
Mujer: (deja de abrazar al hombre y contesta mirando apenada el suelo) 15 días…
Hombre: ¿Y no me dijiste nada? ¡Hay que ir al médico!
Mujer: Ya fui…
Hombre: ¿Y no me dijiste nada? ¿Qué te dijo?
Mujer: Que espere, y que lo vaya a ver si se cumple un mes de atraso…
Hombre: Y si se cumple un mes… ¿qué significa?
Mujer: (mira de nuevo hacia abajo) Que estoy embarazada… (el hombre al escuchar esto emite un grito de espanto) ¡Bueno, pero es lindo tener un hijo!
Hombre: (se para) ¡Pero estás loca, yo soy muy joven, un hijo me va a arruinar la vida!
Mujer: (empieza a llorar) ¡Es el sueño de toda mi vida tener un hijo!
Hombre: (más calmado) ¿Ese es el sueño de tu vida? No sabía… (se sienta y la abraza. La mujer solloza por un momento) ¡Pero yo un hijo no pienso tener! (se para con ímpetu, agarra un bolso y un abrigo y se empieza a ir)
Mujer: (sorprendida) ¿Qué hacés? ¿A dónde vas? ¡No te vayas! (lo toma de un brazo)
Hombre: (forcejeando) ¡Me voy, me voy!
Mujer: (quebrándose) ¡¿Acaso me vas a dejar de madre soltera?! (se miran un momento)
El hombre se da media vuelta y sale por la puerta. La chica cae al piso cuando el hombre se suelta, y se larga a llorar. Se incorpora y apoya su espalda sobre la puerta. Luego de unos segundos, se abre la puerta nuevamente, empujando a la mujer, que lloraba sobre ella.
Hombre: Si te viene llamame eh… (cierra la puerta)
La mujer se para, le da un golpe a la puerta con bronca y se queda de brazos cruzados.
Se abre el telón. Vemos en el escenario una mesa con un mantel blanco y sobre ella, varios productos de limpieza. Al lado de la mesa hay un hombre parado, vestido elegantemente de blanco y mirando con detenimiento al público. Luego de unos segundos, comienza a hablar…
Yo para las cucarachas, tengo una solución infalible: las mato de empacho…
Es que las cucarachas son millones, son interminables, son infinitas. Y si uno las quiere matar de manera bruta y tradicional… no funciona.
Es que ya están avivadas. Cuando pasan cerca del cebo, lo miran de reojo y dicen “ja, seguí tirando la plata, ¡boludo!”.
Si optás por el método del insecticida, pensando “ahora sí, turras, ¡se van a cagar muriendo!”… ¿saben lo que hacen las muy odiosas? Lo juntan en tarritos y lo usan de gel para el pelo…
Por eso yo uso la sicología inversa… ¿Que cómo es eso?
Yo soy una persona extrema en su pulcritud, pero cuando las cucarachas me invaden… me transformo, y dejo que todo quede a merced de la ley de gravedad.
Por ejemplo: el carozo de la aceituna, que normalmente tiraría en el cesto… va al suelo. Las migas de pan, también. La cáscara de banana queda desparramada sobre la mesa. El papel metálico del queso crema, lo froto contra la mesada, creando un sustancioso manchón blanco. Y así, con cada alimento que ingiero, voy preocupándome por ser sucio. Créanme que me cuesta, pero todo sea por ganar la guerra contra el nefasto insecto.
Las cucarachas, al ver semejante banquete desplegado ante sus ojos, primero tienen una reacción espasmódica. Es decir quedan pasmadas. Luego sobreviene una leve carcajada. ¿Oyeron alguna vez reír a una cucaracha? Es un sonido espantoso.
Pero claro, esa reacción no dura mucho, e inmediatamente les sobreviene la duda, y la sospecha. Se preguntan “¿Qué estará pasando acá? Ni el humano más sucio es capaz de dejar una cocina así. Acá hay algo raro. Acá hay gato encerrado.” Entonces, se empiezan a preocupar. Y surgen en estos asquerosos insectos dudas existenciales. ¿Existe dios? ¿Sería capaz él de dejarnos semejante banquete a nuestros pies solo por el placer de ver disfrutar a sus hijas más longevas? ¿Será una prueba de lujuria y gula aquella bolsa de residuos completamente abierta?
Estas dudas comienzan a corroer sus pequeñas pero maquiavélicas mentes, primero como una leve suspicacia, para terminar como una torturante obsesión. ¿Debo acercarme a ese cacho de mortadela? ¿Me espera un destino negro luego de saborear las mieles de esta casa a oscuras?
Los gélidos nervios de estos calculadores seres comienzan a destemplarse, y los invade la desesperación. Detienen con uñas y dientes su hambruna, ¡contienen sus irrefrenables deseos de deglutir las delicias desparramadas!
Finalmente, la angustia puede más ¡y se sumergen en el descontrol! ¡comen y comen hasta que revientan! Así como lo escuchan, ¡explotan de dolor!
Múltiples explosiones interrumpen a nuestro interlocutor. Su expresión de sorpresa se transforma lentamente en una sonrisa diabólica. Se dirige a la mesa y toma de ella un trapo y una botella blanca con rociador. Comienza a irse, pero justo antes de salir del escenario, se detiene, y mira al público nuevamente…
¿No es un sonido… encantador?
Cae el telón.
- La extraño.
- Ya va a volver.
- No, tengo que saber ya de ella.
- Tenés que esperar.
- Bueno, que se vaya a cagar.
- ¿Porque vas de un extremo al otro? O desesperado por verla o despreciándola.
- ¡Es que necesito alguna seguridad! No puedo simplemente dejarla que haga lo que quiera…
Batman: Who are you?
Mr. Lee: The who is not important. I want to tell you this: the more you fight something, the stronger it gets.
Batman: What do you mean?
Mr. Lee: Just look at your history! Since you’ve been fighting crime, violence has escalated to never known heights. At the beginning they were just muggers and mafias. Now we have esquizofrenic, paranoid, sicotical super-minds and genetic mutants with weapons of mass destruction. It is the simple physical law of action and reaction: the stronger your action, the stronger their reaction. Nature always balances itself out.
Batman: Are you suggesting that I stop fighting crime?
Mr. Lee: It is the only way to stop it.
Batman: If I stepped back, this entire city would turn to chaos, a living hell.
Mr. Lee: At first, yes. The city would sink into darkness. But, it is from darkness, that light is born, Batman. If it were no dark, there would be no light.
Batman: I’m not letting that happen.
Mr. Lee: That’s your problem Batman. You have too big of an ego. Your idea of a perfect world is so strong, so powerful, that you will try to make the world fit into it until the moment you die. You’re no different than the very thing you’re fighting: they are also fighting for their idea of the perfect world. You and the criminals are just two sides of the same coin…
- But I intend to make the perfect equation.
- You know you can’t make the perfect equation. You’re only human, and perfect is unreachable. It’s like trying to reach infinite. There’s always one more step.
- I need to find a way of living.
- There are infinite ways of living.
- Yes, but I have to choose one.
- …
- Now see the future and find an anwer to that, blue man.
- Are you trying to offend me?
- Nah, just joking.
- Good, because otherwise I would have had to disintegrate you.
- Wow, you’re pretty temperamental for somebody who speaks so calmly.
- Just joking.
- Haha, you got me on that one.
En el caso de una evaluación negativa, los factores que influyen son físicos y mentales. Los físicos son los primeros en notarse, por lo cuál se puede entender que una persona “empieza” según su físico. A partir de ahí, al revelar sus características mentales, su valor empieza a mutar para el que la evalúa.
El rechazo se puede dar en cualquier momento del proceso de conocimiento mutuo. Si se da antes de que las características mentales comiencen a ser reveladas, se puede decir que una persona ha sido rechazada por su apariencia física.
Es muy común durante una etapa primitiva del desarrollo emocional, creer que todo rechazo es un rechazo a la esencia más profunda de nuestro ser, cuando la realidad es, que casi todos los rechazos son superficiales.